sábado, 23 de mayo de 2020

Si esto es una mujer. Lorenzo Silva y Noemí Trujillo.



Título: Si esto es una mujer
Autores: Lorenzo Silva y Noemí Trujillo.
Editorial: Ediciones Destino.
Colección: Áncora & Delfín
ISBN: 9788423355723
Fecha 1ª edición: 21 de mayo 2019.
Páginas: 320.




«La maldad acostumbra a crecer entre los hombres más allá de todo límite,
y si se ve guiada por la licencia que da la impunidad de hacer daño a los que
caen en su poder, puede llegar a extremos que superan la imaginación»
(“Historia secreta”, Procopio de Cesarea)




Dicebamus hesterna die (cómo decíamos ayer)”. Creo, amigo lector, que no tengo otro modo de iniciar esta crítica que encabezarla con aquella famosa frase que, según la tradición, pronunció Fray de Luis de León cuando, restituido en su cargo, subió a su cátedra después de tantos años de prisión que le mantuvieron apartado de la docencia. La misma frase que, precisamente, y probablemente de un modo apócrifo, pronunció allí mismo, en la Universidad de Salamanca, D. Miguel de Unamuno después de la restitución en su empleo tras la dictadura del general Primo de Rivera. Pues bien, a pesar de mi osadía al utilizar estar frase, por tratarse de un pobre y humilde bachiller como yo, me ha parecido la más adecuada para recuperar este largo paréntesis de silencio, que por múltiples causas y motivos, que no vienen al caso, ha transcurrido desde mis últimas reseñas.



Dicho lo cual, y para no restar más tiempo a lo importante, que es el análisis de la novela objeto de nuestro estudio, vamos a pasar a su minuciosa disección, dentro de las posibilidades “espaciales” de una reseña literaria. “Si esto es una mujer” es la última novela publicada “a cuatro manos” por el matrimonio de escritores formado por Lorenzo Silva y Noemí Trujillo. Siempre, por lo general, suele resultar interesante el ejercicio de la literatura a cuatro manos aunque hay que reconocer que no suele ser una práctica muy habitual dentro de la historia de la literatura. Ya desde un primer momento y para centrar el tono general de este análisis, me gustaría destacar, en mi opinión, una de sus principales características, desde un punto de vista literario, que es el oficio de los autores. Esta novela podría ser un buen ejemplo para los jóvenes autores noveles que buscan un lugar en este mundo de la literatura. En “Si esto es una mujer” los autores nos van a dar una lección magistral de cómo funciona el oficio de escribir y trataré a lo largo de este análisis explicar el porqué de esta aseveración. Aunque tengo que reconocer que no es, ni mucho menos, una de las mejores novelas de los autores (ni a cuatro manos, ni individualmente) aunque dado su talento y oficio no sea una novela, ni mucho menos, desdeñable.



Siguiendo la metodología de análisis habitual creo que lo más adecuado en estos momentos y antes de acercarnos a su estudio, propiamente dicho, sería pergeñar, aunque sea someramente, la sinopsis argumental de la novela para así centrar y acotar el objeto de esta crítica. Para lo cual he adoptado, por parecerme adecuada, la sinopsis que publica la propia editorial:



La inspectora de homicidios Manuela Mauri lleva siete meses de baja cuando recibe la visita de la oficial Guadalupe Larbi para pedirle que se reincorpore al trabajo: sólo ella, le dice, tiene la autoridad y el empuje necesarios para sacar adelante una complicada investigación en la que la Brigada Provincial de Policía Judicial de Madrid no consigue avanzar.

Tres meses atrás aparecieron restos humanos en los vertederos de Pinto y Valdemingómez. Pese a haber dedicado ingentes recursos, no se ha encontrado el cadáver completo y no hay una sola pista de la autoría del crimen. Y lo que es peor: tres meses después sigue sin identificarse a la víctima. Manuela se enfrentará de esta manera al mayor desafío de su carrera como inspectora de homicidios: la Operación Vertedero.

La búsqueda de la verdad pondrá de nuevo a Manuela en el punto de mira de sus compañeros y superiores, que han perdido la confianza en ella por los hechos acaecidos en torno al suicidio del inspector jefe Alonso, por los que Manuela quedó injustamente salpicada.

Una novela que señala los puntos oscuros de nuestra sociedad, cuestionando nuestra ceguera ante el sistema en el que vivimos. Ante todo lo que la ciudad desecha y que, nos guste o no, la define”.




Con intención de sistematizar y optimizar todo el material recogido durante la lectura de “Si esto es una mujer” que suma más de diez folios escritos con una abigarrada caligrafía, intentaré detenerme en las columnas miliares que sustenta el edificio narrativo. Uno de los puntos determinantes a la hora de escribir una novela, como creo que ya conocerán todos los amigos que siguen este blog literario, es la posición del narrador. En esta novela los autores han decidió narrar la historia desde el punto de vista de la protagonista, la inspectora Manuela Mauri en primera persona. Esta decisión nos permitirá acompañar a la investigadora en un plano de igualdad respecto a la investigación (por así decirlo iremos conociendo los acontecimientos narrados a la vez  que la protagonista). Casi toda la novela, ahora explicaré el porqué el casi, está narrada linealmente y sin ningún tipo de omniscencia por parte de la narradora. Este punto de vista resulta tremendamente satisfactorio en una novela inscrita en el género negro. Sin embargo, los autores en un momento dado, nos hacen una trampa para sostener el interés del relato. Lógicamente no voy a destripar la novela. Nada más lejos de mi intención. La novela comienza, en el capítulo uno, con lo que parece ser una declaración de un crimen cometido por un sospechoso. Pero sugeriría al lector que prestase atención a la elipsis narrativa que, con mucha habilidad y oficio hacen los autores, para no darnos una información importante que es esa declaración de uno de los sospechosos que de alguna de las maneras parece remitirnos a esa declaración, en primera persona, con la que comienza el texto. Siempre he creído, y varias veces lo he comentado a lo largo de la existencia de este blog literario, que la literatura, y muy especialmente la novela negra, tiene mucho que ver con la prestidigitación en la que el mago distrae nuestra atención para poder llevar a cabo su truco de magia y dejarnos con la boca abierta.



“Si esto es una mujer” es un texto claramente deudor de la saga de Chamorro y Bevilacqua de Lorenzo Silva, aunque tengo que reconocer, con toda honestidad, que queda por debajo del altísimo nivel de aquélla. De hecho, y para reforzar ese indubitable vínculo existente, los autores nos hacen un guiño con un cameo del benemérito  subteniente Rubén Bevilacqua. En esta novela los autores nos proponen un texto que fluye con naturalidad, con tanta naturalidad, que en ningún momento el lector es capaz de percibir todo el aparataje que sostiene la arquitectura de la novela. Y ese, en mi opinión, es una de las grandes virtudes de este texto y uno de los ejemplos más palmarios de cómo hay que escribir una novela con oficio. Si centramos nuestro análisis en la caracterización de los personajes podremos comprobar que los autores no han querido perder tiempo, desviando la atención de los lectores en una excesiva caracterización de los personajes. Esa pobreza en el trazo, que puede que a algunos lectores les pueda parecer insuficiente, es una consecuencia directa de la decisión, en mi opinión muy acertada de, como comenté un poco más arriba, hacer descansar la narración en la voz de la protagonista. A excepción hecha de la inspectora, que a través de su narración nos permite penetrar en su interior, el resto de los personajes aparecen difuminados y apenas pergeñados, siendo en muchos casos meramente episódicos.



Otro de los puntos que me interesaría destacar en este análisis y lo digo con admiración como crítico literario es que “Si esto es una mujer” es una novela adscrita al género policíaco en el que, sin embargo, la investigación, propiamente dicha, no resulta excesivamente relevante. Intentaré explicar esta aparente “contraditio in terminis”. En esta obra los autores no nos proponen una minuciosa investigación policial al uso. Por así decirlo los autores nos ofrecen una novela en la que lo más importante no es, tal vez, la resolución y clarificación del hecho delictivo sino más bien una reflexión, pesimista, en la línea de Bevilacqua de nuestra sociedad. También nos acercaremos a la realidad de nuestro Cuerpo Nacional de Policía y de las personas que lo componen. Creo que es, precisamente en este punto, en dónde los autores ponen la lupa y el foco de atención más que en la propia resolución del caso policial.



Esta novela, como el resto de las novelas de los autores, tiene un trasfondo de crítica social y de amargura respecto a la condición humana. Sus personajes, empezando por la propia inspectora Manuela Mauri, están desengañados y desilusionados de la sociedad. Sin embargo a través de sus personajes veremos que, a pesar de todo, siempre queda un atisbo de esperanza, de confianza, en el ser humano. Creo que este fragmento que voy a transcribir parece que podría ser escrito y dedicado para cualquiera de nosotros:



“Hacía tiempo que no me sentía tan bien. No lo teníamos todo claro, o no teníamos nada, mejor dicho; tal vez la vida no fuera más que eso, ir dando pasos en un largo camino de incertidumbres, donde los problemas al final se solucionan de forma improvisada según se van presentando. Nunca logramos tener una seguridad absoluta en nada, y al pensar esto me acordé contra mi voluntad de aquel poema por el que no había querido ni quería preguntarle, pero en medio de la oscuridad sentí una plenitud difícil de explicar y que podía resumirse, quizá, en el hecho de comprobar, una vez más, que Alberto era una apuesta buena y consistente, la mejor que había hecho hasta entonces”.



No cabe la menor duda que estamos ante una nueva saga de novelas que protagonizará la inspectora Manuela Mauri. Resulta evidente porque “Si esto es una  mujer” nos deja abiertas algunas líneas argumentales que, con toda seguridad, se irán desarrollando en sucesivas entregas, porque, como decía con anterioridad, los autores han asentado más las bases de caracterización del personajes principal así como sus relaciones sociales, laborales y sentimentales primándolas sobre la investigación del crimen que, en mi modesta opinión resulta apenas esbozado y poco desarrollado.



A modo de resumen y para no alargarme excesivamente en el análisis de la novela, me gustaría para terminar incidir en algunas consideraciones. En líneas generales “Si esto es una mujer” me ha parecido una novela interesante, entretenida y escrita con mucho oficio e inteligencia. También tengo que reconocer que, a pesar de lo dicho, es una novela que todavía no alcanza el nivel de algunas otras novelas de los autores. Por otra parte insisto en que es una novela de lectura obligatoria para quienes quieran aprender el oficio de escritor. Como probablemente ya sepan los lectores habituales de este blog, “Las bizarría de Belisa” tiene una sección dedicada a los autores noveles en las que muchos autores me envían sus obras para que les dé mi opinión y les oriente. Saco a colación este tema porque, desde un punto de vista meramente léxico, se observa que el uso lexicológico del lenguaje que hacen los autores es el propio de la gente de la calle. En la mayoría de los casos, los autores noveles al escribir utilizan un léxico excesivamente recargado y ampuloso impropio y extraño al lenguaje que se utiliza por la mayoría de los hablantes. Y, en la mayoría de los casos, ese uso lingüístico lejos de mejorar la calidad literaria del texto lo que hacen es perjudicar su lectura y comprensión. Por último, creo honestamente que “Si esto es una mujer” es un libro interesante y que merece la pena leerse para entretener estos tiempos de confinamiento, de crisis y de sufrimiento.



Dicho todo lo cual y considerando todos los méritos aducidos, y atendiendo a todas la razones expuestas con anterioridad creo que la puntuación más ajustada y que más justicia hace a la novela “Si esto es una mujer” escrita al alimón por Lorenzo Silva y Noemí Trujillo sería de un 6,5/10.



(A modo de ilustración de esta reseña comparto con vosotros un video de la presentación de la novela)



miércoles, 6 de mayo de 2020

Valoración de textos de autores noveles

Hola a tod@s amig@s,

Ya desde el momento en que se fundó este blog literario, en aquel ya lejano año de 2011, surgió como una necesidad ante la grave crisis económica que nos azotaba de manera inclemente. Hoy, por desgracia, nuestro mundo se encuentra inmerso en una crisis aún más atroz y de una dimensión a nivel planetario. Por eso creo que, de nuevo el arte, y en particular la literatura, puede ayudarnos a sobrellevar, a dignificar y dar sentido a todo el sufrimiento que vivimos en la actualidad y que, por desgracia, en su versión económica y social se cebará con nosotros.

Queridos amigos, como bien sabéis, hace ya algunos años que, aparentemente, este blog literario está inactivo. Nada más alejado de la realidad. A través del blog literario “Las bizarrías de Belisa: autores noveles” (http://bizarriasdebelisautoresnoveles.blogspot.com) me he dedicado a leer decenas de novelas que he recibido (en concreto 87 textos originales de otros tantos autores) y puedo decir que he leído todas y que,  entre ellas, he encontrado  siete magníficas novelas que he ayudado a pulir, a mejorar y, en definitiva, poder impulsarlas para que vieran la luz, de la imprenta, en algunos casos, en editoriales muy importantes. Esto, como ya me propuse desde el comienzo de este blog, me ha producido una enorme satisfacción.

Ahora que nos adentramos en los umbrales de una nueva crisis, vuelvo a ofrecerme para leer vuestras obras y, llegado el caso, poder ayudaros a conseguir su publicación. Lo único que pido es que las novelas tengan la mayor calidad posible. Si tú, amigo autor novel ,piensas que has escrito algo que, de verdad merece la pena; o bien te encuentras en una situación de “atasco creativo” en el que no consigues avanzar en la dirección que buscas, me vuelvo a ofrecer a poder ayudar, con mis conocimientos de tantos años en este mundo de la literatura, a poder aconsejarte para que consigas alcanzar tu objetivo.

Finalmente, si los textos que me mandéis  ya hubiesen sido publicados en alguna pequeña editorial o mediante autopublicación y tuviese una calidad realmente importante lo reseñaría en el blog para poder darle la máxima visibilidad. Además de, llegado el caso, intentar conseguir su publicación por editoriales de prestigio.

Las personas interesadas en que valore sus textos pueden dirigirse a mí por correo electrónico a la siguiente dirección luisalberto.cao@bizarriasdebelisa.com

Por último quiero agradeceros a tod@s vuestro constante interés por mis publicaciones y el cariño que siempre me habéis mostrado y que, aún, a día de hoy sigo recibiendo.


MUCHAS GRACIAS.




sábado, 6 de julio de 2019

Largo pétalo de mar. Isabel Allende

Título original: Largo pétalo de mar.
Autor: Isabel Allende.
Editorial: Plaza & Janés.
ISBN: 9788401022418
Páginas: 384.
Fecha de publicación: Mayo de 2019.
Precio: 22,90 €.



“Patria es donde están nuestros muertos”

“No se puede cambiar el pasado, pero tal vez se pueden ir eliminando los peores recuerdos…”

“Esta gente ha sufrido mucho, señores. Son personas de buena moral, ordenados y respetuosos, vienen a su país dispuestos a trabajar y rehacer sus vidas”
(Largo pétalo de mar: Isabel Allende)


“Oh Chile, largo pétalo

de mar y vino y nieve,
ay cuándo
ay cuándo y cuándo
ay cuándo
me encontraré contigo,
enrollarás tu cinta
de espuma blanca y negra en mi cintura,
desencadenaré mi poesía
sobre tu territorio”.
(Cuándo de Chile. Pablo Neruda)



“Largo pétalo de mar” es la última novela publicada por la gran escritora chilena Isabel Allende y, como intentaré desarrollar, de un modo lo más minucioso y didáctico posible a lo largo de este análisis literario, ya desde su propio título, extraído de este célebre poema de Pablo Neruda, transcrito más arriba, nos sugerirá algunas pistas sobre las intenciones literarias y estéticas de la autora a la hora de abordar la redacción de esta novela.


He reflexionado mucho, antes de sentarme ante el ordenador para escribir este análisis, a la hora de enfocar esta crítica y cómo expresar la ambivalencia de sensaciones que han quedado en mi paladar tras su lectura atenta y pausada. Mi impresión general, a bote pronto y antes de entrar en el estudio propiamente más exhaustivo y prolijo, es que “Largo pétalo de mar” me ha resultado una novela interesante por momentos (algunos francamente buenos) entreverada por otros que, tratándose de una artista del talento y oficio de Isabel Allende, me han parecido deslavazados, anodinos e, incluso, impropios de su talento artístico. Digamos, pues, que, a modo de marco general de esta crítica, “Largo pétalo de mar” me ha parecido una novela desigual que, a pesar de manejar una temática tan interesante, desde un punto de vista narrativo, no consigue, en mi modesta opinión, sacarle, a lo largo de toda la novela (e insisto en la idea de en “toda la novela”) todo el jugo que a priori podía ofrecer. En cualquier caso, a lo largo de esta crítica, intentaré desmenuzar y argumentar el porqué de esta opinión.


Dicho lo cual y por seguir una exposición ordenada y metodológica, creo que lo más adecuado en este momento será, como viene siendo habitual, pergeñar una breve sinopsis argumental que sitúe al lector de estas líneas, de alguna manera, en el objeto de este análisis literario. Para este fin, utilizaremos la reseña que la propia editorial Plaza&Janés (a la que aprovecho a felicitar por la impecable edición de este libro) ha preparado a este efecto.


“En plena Guerra Civil española, el joven médico Víctor Dalmau, junto a su amiga pianista Roser Bruguera, se ven obligados a abandonar Barcelona, exiliarse y cruzar los Pirineos rumbo a Francia. A bordo del Winnipeg, un navío fletado por el poeta Pablo Neruda que llevó a más de dos mil españoles rumbo a Valparaíso, embarcarán en busca de la paz y la libertad que no tuvieron en su país. Recibidos como héroes en Chile -ese «largo pétalo de mar y nieve», en palabras del poeta chileno-, se integrarán en la vida social del país durante varias décadas hasta el golpe de Estado que derrocó al doctor Salvador Allende, amigo de Víctor por su común afición al ajedrez. Víctor y Roser se encontrarán nuevamente desarraigados, pero como dice la autora: «si uno vive lo suficiente, todos los círculos se cierran».

Un viaje a través de la historia del siglo XX de la mano de unos personajes inolvidables que descubrirán que en una sola vida caben muchas vidas y que, a veces, lo difícil no es huir sino volver.


Para mí, sentarme ante el ordenador para escribir una reseña, siempre me ha resultado una gran responsabilidad, fundamentalmente con mi conciencia y, cómo no, por el respeto que tengo a todas las personas que me seguís y, por supuesto, a los autores. Bajo estas premisas, sin duda necesarias de volver a recordar una vez más, en esta novela me he encontrado en ese dilema, en esa dicotomía, entre mi realidad como crítico literario que se dedica al análisis frío, científico y desapasionado de una obra narrativa y como lector, como simple enamorado y amante de la literatura. En el caso de “Largo pétalo de mar” como simple lector me ha parecido una novela interesante y entretenida y con una materia prima (la temática) que ya, de entrada, la hace muy apetecible. Sin embargo al juzgarla bajo el prisma desapasionado del “científico” no puedo dejar de apreciar que, en mi opinión, se trata de una novela muy desigual, en el sentido del ritmo literario interno que, por otra parte, aúna instantes soberbios, tanto de narrativa como de caracterización de personajes, con otros francamente “impropios”. No voy a explayarme mucho en estos particulares porque, como siempre digo, no pretendo “reventar” la novela y lo que deseo es fomentar el amor a la lectura y, por supuesto, la lectura de este libro que si buscáis el placer de la lectura, estoy seguro que, como me pasa a mí, lo disfrutaréis.


“Largo pétalo de mar” es una novela que narra, linealmente, una historia que abarca un arco temporal de casi 60 años. La autora, con toda consciencia, pone el punto de vista narrativo en una voz en tercera persona omnisciente. Aprovecho este momento para explicar el concepto de omnisciente que muchos de vosotros me habéis consultado a través del correo electrónico. Cuando utilizamos el termino omnisciente (para los amigos seguidores del blog amantes de las etimología viene de la latín “Omnis” todo y “sciens, -entis” que sabe) queremos  expresar que el narrador, de alguna manera, se sitúa “por encima” de la propia narración. Esto es, tiene un grado de conocimiento superior. Pondré un ejemplo de la novela para intentar aclarar este concepto tan utilizado en el análisis literario.


“El ajedrez sería el fundamento de la amistad entre los dos hombres, que determinaría el segundo exilio de Víctor Dalmau”.


Como se puede apreciar en el ejemplo transcrito el narrador ya sabe lo que ocurrirá en un plano temporal muy posterior a los hechos expuestos en el momento del presente narrativo. Por otra parte Isabel Allende nos plantea un texto en el que no aparece excesivo diálogo, centrándose más en poner el peso de la narración en la figura del narrador. Este planteamiento de la autora, evidentemente hecho con una finalidad artística y estilística,  ya nos da una pista de su “intención literaria” a la hora de narrar este relato.


Isabel Allende siempre ha sido una autora muy elegante a la hora de escribir. Esta aseveración se puede corroborar a lo largo de toda su producción literaria. En el caso que nos ocupa hay algunos ejemplos que nos muestran esta elegancia antes citada. Voy a transcribir un fragmento en el que Isabel Allende nos ofrece una hermosa elipsis narrativa que en su belleza, tamizada por ese velo del pudor, nos ofrece mucho más de lo que oculta.



“La llevó a un hotel modesto, aunque no podía permitirse ese gasto, y ella volvió a Viña del Mar cerca de la medianoche, cuando sus padres estaban a punto de notificar su desaparición a los carabineros. El chófer, debidamente sobornado, dijo que habían pinchado un caucho por el camino”.


Sin duda uno de los aspectos insoslayables a la hora de analizar esta novela es el uso de los personajes. Es precisamente en esta faceta donde Isabel Allende es más reconocible a lo largo de toda su obra narrativa. Basta leer cualquiera de sus novelas con atención e interés crítico para descubrir ese nexo común que une, más bien diría ata, a todos sus personajes. Allende es una escritora de grandes personajes femeninos, fuertes y que portan esa gran fuerza “redentora” y telúrica que hace palidecer a todos los personajes masculinos. En este caso, fiel a toda su obra narrativa, los personajes a modo de novela bizantina desaparecerán y volverán a aparecer inopinadamente para ir tejiendo las vidas y los destinos de todos ellos. Me gustaría señalar, para la consideración del atento lector de la novela, la caracterización del personaje de Juana que para los que ya conocéis otras obras de la autora veréis que aparece en esencia en muchísimas de sus novelas. Voy a transcribir la descripción del personaje que nos hace la autora y veréis como enseguida os traerá a la memoria a otros personajes de su universo narrativo.


“Juana Nancucheo, mestiza de criollo e indígena mapuche del sur profundo, de edad difícil de adivinar, baja de estatura y sólida como los troncos antiguos de sus bosques nativos, de trenza larga y piel cetrina, ruda de modales y fiel por hábito, estaba al mando de la administración doméstica desde tiempos inmemoriales. Dirigía con gesto adusto a las tres mucamas, la cocinera, la lavandera, el jardinero y el hombre que enceraba los pisos, acarreaba la leña y el carbón, cuidaba a las gallinas y realizaba las tareas pesadas; nadie recordaba su nombre, era simplemente «el hombrecito de los mandados». El único libre de la vigilancia de Juana era el chófer, que vivía en los altos del garaje y dependía directamente de los patrones, aunque, según ella, eso se prestaba para mucho abuso; lo tenía en la mira, no era de fiar, metía mujeres en su pieza, estaba segura. «En esta casa sobra personal doméstico», solía opinar Isidro del Solar. «¿A quién piensa echar pues, patrón?», lo atajaba ella. «A nadie, lo digo por decir», se retractaba él de inmediato. «Algo de razón ha de tener», admitía Juana para sus adentros”.


A pesar de que Isabel Allende nos propone en “Largo pétalo de mar” un tema descarnado e hiperrealista como el del exilio, no por eso podemos dejar de adivinar ese “realismo mágico” tan habitual en sus obras. Desfilarán, de nuevo, esa serie de “monotemas” que se desplazan de un libro a otro dentro de su bibliografía: los grandes y poderosos clanes familiares, la predestinación de sus personajes, ese contraste tan brutal entre la vida y la muerte que sobrevuela constantemente su narrativa, así como la maldad intrínseca del ser humano que, en esta novela, es uno de los “leitmotifs” pugnando por abrirse paso entre la vida y la muerte. A continuación os transcribo un triste y desgarrador momento que ejemplifica esa maldad intrínseca del ser humano.


Fue la vecina la que denunció a Víctor Dalmau, la misma mujer que dos años antes le pidió que se valiera de su amistad con el presidente para colocar a su hijo en el cuerpo de carabineros, la misma a quien le instaló un par de válvulas en el corazón, la misma que intercambiaba azúcar y arroz con Roser, la misma que asistió compungida al velorio de Carme. Lo arrestaron en el hospital. Tres hombres sin uniforme, que no se identificaron, fueron a buscarlo cuando estaba en el quirófano, pero tuvieron la decencia de esperar a que terminara de operar. «Acompáñenos, doctor, es una gestión de rutina», le ordenaron en tono firme. En la calle lo empujaron dentro de un automóvil negro, lo esposaron y le vendaron los ojos. El primer puñetazo le cayó en el estómago”.


Otro de los puntos ineludibles a la hora de estudiar esta novela, desde un punto de vista más filológico, es la hermosa y ubérrima prosa que la autora nos muestra en su novela. Para mí, como filólogo, es un placer disfrutar de su riqueza léxica con tanto aroma y sabor al castellano hablado allende los mares. Una prosa que apela a los colores, a los sabores y que nos transporta a aquella naturaleza desbordante del nuevo mundo. Isabel Allende también hará uso de las músicas y de los sonidos para enriquecer sensorialmente el texto.


“A veces le entregaba un fajo grueso de varias cartas amarradas con un cordel. Siempre había alguna de la madre y el hermano de Guillem, pero la mayoría eran de Roser, que le escribía a diario uno o dos párrafos, hasta juntar un par de páginas, que metía en un sobre y lo llevaba al correo militar canturreando la más popular canción de los milicianos: «Si me quieres escribir, / ya sabes mi paradero: / Tercera Brigada Mixta, / primera línea de fuego»”


Al final de esta reseña, y para ilustrar este análisis colgaré un video con esta canción citada por la autora, en este caso será en la interpretación de la gran cantante catalana Marina Rossell una de las voces más hermosas de la actualidad.


Repasando mi cuaderno de notas, repleto de decenas de anotaciones que me ha sugerido el estudio de esta novela, no puedo evitar el desánimo de ver que muchas de ellas no van a poder ver la luz por no extenderme mucho más en esta crítica. Si me gustaría terminar esta parte del análisis con un hermoso fragmento, que a mí personalmente, me ha parecido extraordinario


“Las condiciones seguían siendo inhumanas, pero al menos fue pasando lo más crudo del invierno. Los prisioneros se organizaron para sobrevivir sin enloquecer. Hacían mítines revolucionarios, divididos en partidos políticos, como durante la guerra. Cantaban, leían lo que les caía en las manos, alfabetizaban a quienes lo necesitaban, publicaban un periódico —una hoja escrita a mano que circulaba de un lector a otro— e intentaban preservar la dignidad cortándose el pelo y quitándose los piojos mutuamente, lavándose y lavando la ropa en el agua helada del mar. Dividieron el campo en calles con nombres poéticos, crearon el delirio de plazas y ramblas como las de Barcelona en la arena y el lodo, inventaron la ilusión de una orquesta sin instrumentos para tocar música clásica y popular y de restaurantes de comida invisible, que los cocineros describían en detalle y los demás saboreaban a ojos cerrados. Con el poco material que lograban conseguir levantaron cobertizos, barracones y chabolas. Vivían pendientes de las noticias del mundo, que estaba al borde de otra guerra, y de la posibilidad de salir en libertad. Algunos, los mejor preparados, solían ser empleados en el campo o en la industria, pero la mayoría antes de ser soldados habían sido labriegos, leñadores, pastores, pescadores, en fin, carecían de un oficio útil en Francia. Soportaban la presión constante de las autoridades para ser repatriados y en algunos casos los llevaban a la frontera española engañados”.


Finalmente, y a modo de resumen, me gustaría dejar constancia que “Largo de pétalo de mar” es una novela interesante de lectura amena y recomendable. Pero, eso sí, siendo fiel a mi conciencia y como crítico literario creo, con la mano en el corazón, que esta no es, sin duda alguna, una de las mejores novelas de la autora porque, como esbocé al principio de esta reseña, me ha parecido una novela desigual en la que alterna grandes momentos narrativo con largos fragmentos de una calidad bastante inferior que parecen, esa es mi opinión, escritos como de puntillas con una cierta atonía. Es evidente que, en cualquier caso, todo esto no resta un ápice a su talento y reconocimiento porque como ya comenté más arriba Isabel Allende es un autora con un sello narrativo propio que la hace siempre reconocible en todas y cada una de sus novelas.


Dicho todo lo cual y teniendo en cuenta todo lo expuesto más arriba e intentando ser lo más fiel posible a mi conciencia y a modo de entender el arte de la literatura, creo que la puntuación que más justicia haría a “Largo pétalo de mar” de la escritora chilena, limeña de nacimiento, Isabel Allende sería de un 7,00/10.

© Luis Alberto Cao


Otra novelas de Isabel Allende reseñadas en este blog:





jueves, 14 de enero de 2016

Hombres desnudos. Alicia Giménez Bartlett




Título: Hombres desnudos.
Autor: Alicia Giménez Bartlett
Editorial: Planeta
Colección: Autores españoles e iberoamericanos.
ISBN: 978-84-08-14787-9
Fecha de publicación: 3 de noviembre de 2015.
Páginas: 480.
Presentación: Tapa dura con sobrecubierta.
Precio (soporte papel): 21,90 €
Precio (e-book): 12,99 €




“¡La maldita crisis! ¡Nos va a llevar a todos a la ruina moral!”
(Hombres desnudos. Alicia Giménez Bartlett)




En esta profesión siempre resulta enriquecedor, y sobre todo muy gratificante, cuando después de leer centenares de novelas, en muchos casos mediocres, cuando no francamente pésimas, y que casi no justifican su valor en el precio del papel del que están impresas, encuentras un libro que merece la pena, un libro escrito con oficio; en definitiva una historia bien narrada. Como bien nos recordaba un viejo catedrático la literatura, al fin y a la postre, se resume en contar una historia. Es en esos momentos “mágicos” en los que uno puede disfrutar con su lectura, tanto en su faceta de crítico literario, como en su faceta amante de la lectura. Y este es uno de esos libros que es capaz de suscitar esa “magia”. “Hombres desnudos” de la magnífica escritora almanseña Alicia Giménez Bartlett, es una interesantísima novela cuya profundidad nos va a permitir hacer una lectura en varios niveles. En un primer lugar encontraremos el nivel más simple y obvio, que es propiamente la historia que la autora nos va a narrar, pero veremos que tras esa historia la autora va a deslizarnos muchas cosas más y, por cierto, muy profundas. Cuando hablo de profundidad en absoluto considero que eso esté reñido con el entretenimiento; antes bien, al contrario. “Hombres desnudos” es un libro que suscitará el interés del lector, gracias a la técnica literaria y el oficio de la escritora, que en mi opinión se encuentra en uno de los mejores momentos artísticos de su, por otra parte, ya dilatada carrera literaria




“Hombres desnudos” ha sido galardonada con el Premio Planeta, probablemente uno de los galardones literarios más prestigiosos del mundo. Los lectores habituales de este blog literario saben que en otras ocasiones no he tenido más remedio que opinar del bajo nivel de otras novelas premiadas en ediciones anteriores. Pero, sin embargo, este no es el caso. Así es que tengo que felicitar a los miembros del jurado de este Certamen integrado por: Alberto Blecua, Fernando Delgado, Juan Eslava Galán, Pere Gimferrer, Carmen Posadas, Rosa Regàs y Emili Rosales, por su acertadísima decisión.




Dado el interés, desde un punto de vista analítico de la novela, voy a intentar ser lo más sistemático posible e incidir en los puntos más relevantes para que el amable lector de estas líneas pueda orientarse en los méritos del texto. Intentaré, como suele ser habitual ser lo más pedagógico posible para que todas las personas que se acerquen a esta reseña puedan disfrutar de la novela. Vaya por delante que he encontrado algunos pequeños detalles que, en mi opinión, perjudican al resultado final de la novela pero que, por el contrario, en modo alguno desmerece mi opinión de que estamos ante una gran novela.




Quiero advertir al lector que esta crítica va a ser algo diferente a las que hasta ahora he escrito. Más que nada porque creo que la novela lo merece. En la primera parte me dedicaré, más que propiamente al análisis, al comentario literario. Creo que “Hombres desnudos” es un libro que se presta a reflexionar, lamentablemente de un modo muy superficial puesto que, por razones obvias no puedo alargarme mucho. Y dejaré la segunda parte para entrar más de lleno en el análisis técnico de la novela. Y, ya por último, y a modo de resumen, “justificar” mi opinión crítica sobre ella.




Como ya es habitual en todos mis análisis, creo que lo conveniente será empezar con una somera sinopsis argumental, con la loable intención de situar al lector en el marco de la novela que vamos a estudiar. Para este fin he utilizado más que una sinopsis la recensión que publica la propia editorial Planeta de “Hombres desnudos”.



“Nadie puede imaginar hasta qué punto los tiempos convulsos son capaces de convertirnos en quienes ni siquiera imaginamos que podríamos llegar a ser. Hombres desnudos es una novela sobre el presente que estamos viviendo, donde hombres treintañeros pierden su trabajo y pueden acabar haciendo estriptis en un club, y donde cada vez más mujeres priman su carrera profesional sobre cualquier compromiso sentimental o familiar. En esta historia, esos hombres y esas mujeres entran en contacto y en colisión, y lo harán con unas consecuencias imprevisibles.
Sexo, amistad, inocencia y maldad en una combinación tan armónica como desasosegante”.



La elección de la recensión anterior no ha sido hecha a humos de paja; al contrario. La he utilizado porque creo que pone, precisamente, el foco en uno de los puntos clave para, en mi opinión, entender el fondo de la novela. Y, volviendo al comienzo de esta crítica, no quedarnos en el nivel de lectura más simple, más obvio, sino que profundicemos al qué ha querido decirnos la autora. A lo largo de la historia de la literatura, en nuestro caso la española, podemos comprobar que los momentos de máximo florecimiento de nuestras letras han estado insertos en momentos históricos de grandes crisis: nuestro Siglo de Oro, generación del 98, etc, etc. Y es que, es precisamente en esos momentos de crisis, cuando nuestros intelectuales, nuestros artistas, nuestros escritores hablan a la sociedad y su obra actúa a modo de espejo y catalizador de ese anhelo de la sociedad en crisis. Después de este exordio que tal vez, pudiese parece extemporáneo, me gustaría enlazarlo con la novela que analizamos. “Hombres desnudos” es una novela de “crisis”, un texto que habla de la crisis y esto permite a Giménez Bartlett utilizar el escalpelo y diseccionar, con una habilidad pasmosa, a toda una sociedad a través de unos personajes. Estos personajes, tan ricos en su dibujo, en su complejidad, en su profundidad psicológica y que van modelándose a lo largo de la novela, nos pondrá a nosotros mismos ante ellos como si fueran un espejo de nosotros mismos.








En primer lugar tenemos que considerar que uno de los personajes, en concreto Javier (me resisto a decir el protagonista porque en esta novela todos los personajes son muy importantes), es profesor de literatura en paro. Evidentemente para una filóloga como Alicia Giménez Bartlett debe resultar algo muy familiar. El propio Javier en la novela nos reflexiona sobre su profesión:




“A las chicas a quienes les daba clase tampoco les importaba la literatura, pero todo cambiaba cuando aprendían cómo se lee. Al principio tutelaba sus lecturas, hasta que comprendían que las novelas y los versos hablaban sobre la vida, sobre el amor, sobre las relaciones humanas, sobre cosas con las que ellas estaban en contacto. Les enseñaba que todas aquellas historias, siendo ficción, no hacían sino explicar la realidad”.




En este párrafo que acabo de citar la autora nos da las claves interpretativas de esta novela. Y, como comentaba un poco más arriba, nos muestra que la literatura, más allá de la historia que nos cuenta, ante todo está intentando hablar de nosotros mismos (a nosotros mismos) y ser un espejo en el que nos reflejemos y que nos ayude a entendernos, a comprendernos. En “Hombres desnudos” Bartlett nos enfrenta dos posturas, muy claras y delimitadas, dos formas de ver y enfrentarse a la vida, pero llevadas a una situación límite como es la brutal crisis económica (y de valores y civilización) que aqueja nuestra sociedad. Por cierto no se sabe muy bien que fue antes si el huevo o a la gallina; quiero decir, si la crisis económica o está crisis de valores que vivimos y, además, cuál fue consecuencia de cuál. A continuación voy a transcribir un fragmento que ilustra, como veréis, con toda crudeza este particular.




“«No soporto desnudarme y que ella se quede vestida, mirándome como si fuera un animal en el zoo. Lo único que quiere es humillar al tío que tiene delante, y yo tengo mi dignidad.» Cuando me dijo eso de la dignidad me puse como una moto. ¿Es que solo él tiene dignidad, no tengo yo la mía? Pues la tengo como todo el mundo, joder. Pero si eres un currito sin un pavo tienes que cerrar los ojos y pasar por muchas cosas. Además, estamos hablando de desnudarse, solo de quedarse en pelotas. ¡Ya está bien de cogérsela con papel de fumar!, que la vida está muy chunga. Yo he tenido que hacer muchas cosas que no me apetecían un carajo: aguantar palmetazos en el culo de alguna tía guarra y borde, hacerles el beso negro a una o dos viejas de más de cincuenta años que me daban un asco que te cagas. Pero este negocio es así; todos los currelos tienen partes malas, ¿o es un placer de cojones levantarse todos los días a las seis de la mañana, coger el metro, hacer dos transbordos y plantarse en la fábrica a las ocho para pasarse todo el día encerrado como un preso en un penal? ¡Anda ya, hombre! Y luego, vivir en un puto cuchitril con cuatro euros al día”.




Entrando ya en la segunda parte de este análisis me gustaría que fijásemos la atención en algunos detalles, más técnicos, que nos ayuden a comprender y entender los resortes que utiliza la autora para dar vida y credibilidad a su novela, como se suele decir para “dotar de carne” a su relato. En primer lugar me gustaría detenerme en el uso que Bartlett hace de la figura del narrador. Como ya he comentado en otras reseñas anteriores, es muy importante dónde pone la voz narrativa el escritor, porque es, sin duda alguna, una de las variables más importantes a la hora de contar una historia. La autora, en esta novela, va a utilizar una especie de narrador “coral”. En este detalle, tan bien utilizado, se aprecia el domino narrativo que ha alcanzado Bartlett. En primer lugar podemos decir que el libro está narrado por los propios personajes, con una ausencia total de la habitual figura del narrador en tercera persona, a modo de la voz del autor. Este detalle obliga a seguir una narración cronológica, al hilo de los pensamientos, de los sentimientos de los personajes que nos van narrando en primera persona su historia y en tiempo presente. Pero claro, el gran mérito de la autora es que en todo momento, aunque se vayan entremezclando las voces narrativas, el lector siempre tiene claro de qué personaje es la voz narrativa. Y esto que parece tan sencillo es realmente difícil (hacerlo bien, obviamente). Para conseguir este efecto Bartlett va a caracterizar fraseológicamente a cada uno de los personajes, tanto por su léxico como por sus expresiones y usos idiomáticos. (Sobre este tema me encantaría poder explayarme ampliamente porque he llenado decenas de cuartillas con un análisis más exhaustivo a este respecto).




Si entramos a considerar el estilo que Bartlett utiliza, como vehículo narrativo en esta novela, podemos precisar que es un estilo actual, un estilo aparentemente simple, pero en modo alguno desaliñado. Creo que en el siguiente fragmento que transcribo la autora nos hace toda una declaración de principios, acerca de cómo debe ser el estilo en una obra literaria:




“Me paro y recapacito: hombre tosco, voluntad de orden y belleza. Estoy empezando a utilizar en mis pensamientos el vocabulario de una mala novela, una de esas que se autoeditan los desgraciados que se creen geniales: un vocabulario rimbombante, vacío”




Me imagino que muchos lectores llegados a este punto quizá estén echando de menos algo más de información acerca de qué trata la novela. Y tienen razón. He evitado hablar acerca del tema que trata fundamental porque creo que “Hombres desnudos” es una novela que hay que leer y pretendo que el lector que se acerque a ella, espero que muchos, lo haga con la mirada limpia sin ningún tipo de condicionamientos y simplemente se deje llevar por esta historia con la que Alicia Giménez Bartlett nos “vapuleará”.




Al principio de esta reseña ya avise, al eventual lector, de la existencia de algunos “pequeños detalles” que, en mi opinión, perjudicaban, de alguna manera, mi valoración, por otra parte magnífica, de la novela. Creo, con toda sinceridad, que quizá en algunos momentos puntuales, el relato se vuelve un poco repetitivo (vais a disculparme que no entre en mucho detalle para no “reventaros” la novela). Por lo demás la edición de la novela es excelente. Eso sí, tengo que destacar que me ha llamado la atención un curioso lapsus-gazapo que se desliza en la novela (En honor a la verdad si lo cito es únicamente por si, en sucesivas ediciones pudiese ser corregido). Voy a transcribir el párrafo donde aparece el lapsus.




“He llamado a mi despacho al encargado de personal y le he anunciado que David causa baja en la empresa. Su cara traslucía la lucha entre la discreción y la curiosidad. «Voluntariamente», he añadido. El hijo de puta de Javier me ha puesto en una situación difícil”.




Resulta evidente, leyendo la novela, que en donde dice Javier realmente debería decir David. En cualquier caso, y como colofón final a esta crítica literaria me gustaría resaltar y destacar el magnífico final de la novela. Mucho más no puedo decir pero en ese final, tan abrupto y tan bien escrito la autora dejará al lector sin aliento. Y, también me gustaría reclamar la atención del lector sobre el último párrafo, y la técnica que utiliza, para terminar esta magnífica novela. Como colofón final, y por último, me gustaría destacar la maestría de la autora que como los buenos magos nos sorprende con el efecto de su magia pero, gracias a su técnica, nunca descubrimos el truco.




Dicho todo lo cual y teniendo en cuenta todos los méritos arriba expuestos a lo largo de este análisis, creo que la puntuación más ajustada, conforme a mi modo de entender el arte literario, para juzgar la novela “Hombres desnudos”, ganadora del Premio Planeta, en su edición del año 2015, de la gran escritora almanseña Alicia Giménez Bartlett sería de un 9,00/10


© Luis Alberto Cao



(Para ilustrar la reseña os dejo el video de la entrega del Premio Planeta 2016 con el que está novela fue galardonada)